viernes, 3 de mayo de 2013

En el silencio ahogo gritos de auxilio que se me clavan como puñales en el pecho.
Me obstruyen los pulmones, me desgarran los intestinos.
Sonrío, siempre con la cabeza alta. Imagen de normalidad para ocultar el calvario interno.
Cuantas veces quise ser piedra para no sentir.
Cuantas veces quise ser tú, o tú, o quizás ellos.
Cuantas veces odie ser yo.
Cuantas veces odie mis tonterías pasajeras, que al final se quedaban mas de lo previsto.
No os preocupéis, hay ratos en los que soy feliz.
Cuanta veces desee ser suficiente, y cuantas otras que lo fuerais para mi.
Cuantas veces quise comerme el mundo, y cuantas otras me comió a mi.
Cuantas sonrisas regale, y cuantas lágrimas oculté.
Cuantas veces quise ser fuerte, y cuantas otras me deje vencer.
Cuantísimas veces me cansé de esperaros, cuantas veces me deje la voz pidiéndoos ayuda,
atención, cariño...
Cuantas veces me pareció insuficiente.
Lo siento. Siento pedir tanto. Es difícil y cada uno lleva su propios problemas a cuestas.
No os culpo de nada, me culpo a mi. Por las altas expectativas, por la excesiva exigencia.
No. Os quiero. Me odio.
Quizás resida hay el verdadero problema. Quizás debería tenerme más en cuenta.
Cuantas veces he creído oír la llamas de auxilio de los que me rodean, cuantas veces
les he ayudado, sin darme cuenta de que era yo la que gritaba, la que me pedía ayuda.
Cuantas veces me entregue a los demás, ignorándome por completo.
Cuantas veces dependía de ellos, mientras por dentro me pudría sin hacerme caso.




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